Exposición fotográfica: Casa Museo Unamuno

El Hotel Fuerteventura donde se hospedó don Miguel de Unamuno durante su destierro en la isla de Fuerteventura se conserva actualmente como casa museo y pertenece al Cabildo Insular.

Mostramos aquí una exposición fotográfica de esta casa museo Unamuno que se encuentra junto a la Iglesia de Puerto del Rosario.

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Para más información sobre la estancia de Unamuno en Fuerteventura se puede leer el amplísimo artículo publicado por Sebastián de la Nuez en el anuario de Estudios Atlánticos de la casa de Colón, en el vol 1, nº 5 (1959). (pdf 5.5 mb) Descargar archivo (el artículo se encuentra bajo licencia creative commons).

Para aquellos curiosos ponemos aquí en pdf la obra de Unamuno Fuerteventura, un oasis en el desierto de la civilización, digitalizada por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Descargar archivo (pdf 1.2 mb)

El 20 de febrero de 1924 el dictador Primo de Rivera decreta la suspensión de la cátedra de griego que don Miguel de Unamuno y Jugo ejerce en Salamanca, así como su destitución como rector de aquella Universidad y su destierro a Fuerteventura. Su estancia en la isla y su convivencia con los majoreros marcan un punto de inflexión en la vida cultural de Puerto del Rosario, su huella llega hasta nuestros días, con su imperecedera interpretación de la identidad isleña y un reconocimiento constante a la figura de este escritor, profesor y filósofo de talla universal.
 
Los motivos que llevaron al General Primo de Rivera a decretar el destierro de don Miguel de Unamuno fueron: Una carta que publicó en la revista "Nosotros" de Buenos Aires, a finales del año 1923, y un discurso pronunciado en la sociedad El Sitio, de Bilbao.
 
La Dictadura no iba a permitir que un catedrático se dedicase a "realizar propagandas disolventes y a desacreditar al rey y a los representantes del poder". El propio Unamuno expresa "... Precisamente el 21 de febrero de 1924, el mismo día que hacía 50 años, siendo yo niño, sentí caer en la casa de al lado de la mía, la segunda de las bombas que los carlistas echaron sobre Bilbao. A los 50 años de aquella época, los sucesores de aquellos me echaron de mi casa...".

El 12 de marzo de 1924, en el correo interinsular "La Palma", llega a Fuerteventura junto al ex diputado y periodista don Rodrigo Soriano, también desterrado a la isla.

El 16 de mayo publica Unamuno en el "Nuevo Mundo" de Madrid: ... esta afortunada isla de Fuerteventura ... de clima admirable ¡Qué sanatorio!... ¡En mi vida he digerido mejor mis íntimas inquietudes! estoy digiriendo el gofio de la historia ..."

Raíces como tú en el océano
echó mi alma ya, Fuerteventura,
de la cruel historia de la amargura
me quitó cual si fuese con la mano

Toqué a su toque el insondable arcano
que es la fuente de nuestra desventura
y en sus olas la mágica escritura
descrifré del más alto soberano

Un oasis me fuiste, isla bendita;
la civilización es un desierto
donde la fe con la verdad se irrita;

Cuando llegué a tu roca llegué a puerto
y esperándome allí a la última cita
sobre tu mar vi el cielo todo abierto. (De Fuerteventura a París)


Unamuno se insertó en el paisaje de Fuerteventura, aquí descubrió "la mar". También los habitantes de la Isla persisten en su memoria, en los recuerdos de su estancia en ella.

El entorno humano, cotidiano, de don Miguel estaba formado por el párroco de Puerto de Cabras Víctor San Martín Garrido, Ramón Castañeyra Schamann, el también exiliado Rodrigo Soriano, José Castañeyra Carballo, el juez Ramón de la Concha, el notario Antonio Medina Duero, el secretario municipal Francisco López Rodríguez, los hermanos Juan y Francisco Medina Berriel, Juan Pérez Medina, Antonio Hormiga en cuya barca salía a "pescar metáforas", Aquilino Fernández "el fantástico don Aquilino, a pesar de su directorismo conejero", Matías López "... el anciano don Matías..., héroe del trabajo filial" y ...

En París Unamuno recuerda a sus amigos isleños y escribe a Ramón Castañeyra: "... Bien quisiera ir dedicando a cada uno de ustedes, a su padre, a sus hermanos, a d. Víctor..., a d. Paco Medina, a d. Pancho, al juez, a todos los de la tertulia inolvidable, al patriarca de Tetir, d. Matías López, a... Ah, ¿Cuándo volveré a ver esas peladas montañas desde la mar; en una barquita de Hormiga? ..."

En el prologo del libro De Fuerteventrua a París, dedicado a su amigo Ramón: "Usted, su venerable padre don José, sus hermanos, nuestro buen párroco de Puerto Cabras..., mi posadero don Paco Medina, el excelente don Pancho López, espíritu zumbón y crítico, los amigos todos de la inolvidable tertulia cara a la mar que sonríe a nuestras trágicas flaquezas, ustedes saben todo lo que ahí viví. Y ustedes saben como el día de mi liberación ... dejé esa roca llorando. Es que dejé en ella raíces en la roca y raíces de roca. Le prometí a ustedes volver a esa isla y si Dios, el de mi España, me da vida y salud, volveré. Volveré con el cuerpo porque con el alma sigo ahí ..."

"Parece aquello un país que diríamos utópico ... ¡Para mí fue una revelación! Fuerteventura es una ultra Castilla ... Por eso, si Dios me da lugar, algún día organizaré un viaje de Don Quijote a Fuerteventura, para que le lleve a Dulcinea las flores amarillas de sus campos..."

En carta dirigida a Ramón Castañeyra Schamann, fechada el 12 de abril de 1932, se refiere a Benito Pérez Galdós: "... Nunca podré olvidar que fué ahí, y gracias a usted y su librería, como releí a Galdós y aprendí a conocerlo. Pues le debo aclarar que aún cuando yo conocí y traté a don Benito, mi verdadero conocimiento de la obra data de mi estancia en esa, en la quietud y el sosiego de esa isla es donde pude darme cuenta de todo el enorme trabajo de aquel hombre recogido. Mi Galdós de hoy es el que aprendí a conocer ahí... Así que los héroes -cómicos y trágicos- de don Benito vienen a mi memoria trabados con el sol desnudo de Fuerteventura..."

Paróse el camello, levantó la cabeza y miró a la mar, que sonreía. Y me pareció que el camello se reía. Se reía a la risa de la mar. De la mar que, ciñendo a Fuerteventura, le canta dicéndole: ¡Duerme!, ¡duerme!, ¡duerme!"

A mí la mar me está diciendo: "¡Sueña!, ¡sueña!, ¡sueña!"

La mar que es agua, agua salobre que no apaga la sed del cuerpo, pero que quita la sed del alma, la mar se ríe.


 Fotos: AC Meridiano Imaginario.